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Sobre ARP - SAPC


ARP-SAPC es una asociación española que trabaja en la promoción del pensamiento crítico. Varias publicaciones (como el cuatrimestral EL ESCÉPTICO, la revista pionera del escepticismo español, con más de 20 años a sus espaldas, o el mensual digital El Escéptico Digital), materiales didácticos, monografías, listas de discusión... y mucho más, en nuestra web.


Historias


Homeopatía Universitaria

No es sorprendente que, cuando colegios profesionales y algunas administraciones están acogiendo -y promocionando- prácticas pseudomédicas, las universidades también se apunten al carro (en esta entrada de la bitacorARP recogíamos algunos de los cursos de promoción de la homeopatía en universidades españolas).

Los cursos de verano de las universidades navarras se añaden a esta lista, con un curso de promoción de la homeopatía, ante el que ARP - Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico ha escrito una carta abierta que reproducimos aquí.
CARTA ABIERTA A LA FUNDACIÓN UNIVERSIDAD-SOCIEDAD Y AL RECTORADO DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA DE NAVARRA EN RELACIÓN A UN CURSO DE VERANO EN EL QUE SE PROMUEVE LA PSEUDOMEDICINA.

Excmo. y Mgfco. Sr. D. Pedro Burillo López
Rector de la Universidad Pública de Navarra

Sr. D. Ignacio Moreno Purroy
Director Gerente de la Fundación Universidad-Empresa

Pamplona, 21 de mayo de 2007


Señores,

Hemos tenido conocimiento de la convocatoria, dentro de los Cursos de Verano 2007 "Universidades Navarras por el Conocimiento. VII Edición de los cursos de verano" organizados por el Gobierno de Navarra, los Ayuntamientos de Pamplona y Tudela, las Universidades Navarras (Universidad Pública de Navarra, UNED y Universidad de Navarra), de un curso titulado "HOMEOPATÍA: Otra respuesta a la enfermedad", convocado por la Fundación Universidad-Sociedad de la Universidad Pública de Navarra, que se celebrará del 27 al 28 de junio de 2007 en el Palacio Decanal de Tudela.

Según la información del curso, accesible en la web de esta Fundación (PDF), el mismo tiene como directores académicos a los profesores de la UPNA, doctores Gregorio Tiberio López e InmaculadaVega Ortega. Cabe pensar, con ello, que tienen todo el respaldo de las instituciones convocantes y de la Universidad en la que desarrollan su labor.

La presente carta, que dirigimos a la Fundación Universidad-Sociedad y al Rectorado de la Universidad Pública, está motivada porque esa información que se presenta de este curso genera una importante preocupación tanto sobre el contenido como sobre la adecuación del mismo a una actividad universitaria. Desde ARP Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico (www.escepticos.org), una entidad que lleva más de dos decenios fomentando la investigación científica y el pensamiento crítico en nuestro país, encontramos que este curso constituye una promoción acrítica y pseudocientífica de una práctica terapéutica, la homeopatía, que, aunque sea popular en nuestra sociedad y resulte avalada de facto por su presencia en colegios profesionales y en algunas administraciones públicas, no dispone, por el contrario, de una efectividad adecuadamente probada en términos científicos, y que en la historia de la medicina científica no ha supuesto ningún aporte de conocimiento útil, colocándose en una situación deliberada de alternativa en la que funciona bien en términos económicos, pero no en términos de salud pública.

La convocatoria incluye un texto de presentación, en el documento anteriormente mencionado (PDF), en el que se realizan una serie de afirmaciones falsas que conviene destacar. Prevenimos que el presente texto no es una refutación científica de las tesis de la homeopatía, sino una serie de comentarios que aclaran esas afirmaciones del texto. ARP Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico se pone a disposición de los interesados para proporcionar materiales académicos y explicativos de estas críticas. Parte de ellos son accesibles a través de la web.

Destacamos en negrita el texto del folleto, al que añadimos nuestros comentarios:

La homeopatía es una rama de la terapeútica médica. Se trata de un método terapeútico basado en la prescripción de medicamentos obtenidos por el principio farmacológico de la similitud, utilizados generalmente en dosis débiles o infinitesimales.

No solamente eso, sino que afirma que ese principio farmacológico es capaz de mantener su acción química incluso cuando NO EXISTE EN ABSOLUTO en la disolución homeopática. Desde hace casi tantos años como la homeopatía, existe la teoría atómica, y el número de Avogadro. Sin embargo, la homeopatía desdeña arbitrariamente esta teoría atómica, fundamental para la ciencia desde entonces, sin componer un soporte teórico que tenga que ver con la farmacología científica.

Respecto a la inclusión de la homeopatía en la terapéutica médica, como se afirma en la primera frase, también debemos aclarar que se trata de algo muy discutible. Por ejemplo, en el editorial de la revista The Lancet (27/ago/2005, vol. 336, nº 9487) encontramos una mejor caracterización de la homeopatía:

Que la homeopatía puntúe bajo cuando se compara con la alopatía en la evaluación sistemática de Aijing Shang y colegas no es sorprendente. De mayor interés es el hecho de que este debate continúe, a pesar de 150 años de resultados desfavorables. Cuanto másse diluye la evidencia para la homeopatía, mayor parece su popularidad.

Durante demasiado tiempo ha existido una actitud políticamente correcta de laissez faire hacia la homeopatía, pero ahora existen puntos que aportan luz desde fuentes poco esperables. El comité sobre Ciencia y Tecnología del Parlamento británico dio a conocer en 2000 un informe sobre medicinas complementarias y alternativas. En él recomendaba "cualquier terapia que realiza afirmaciones específicas de ser efectiva para tratar enfermedades específicas debería aportar la prueba de que eso es así por encima y más allá del efecto placebo". Yendo un paso más lejos, el Gobierno suizo, tras un ensayo de 5 años de duración, ha eliminado ahora la cobertura en sus seguros a los tratamientos homeopáticos y de otras cuatro especies complementarias, porque no cumplen los criterios de eficacia y relación efectividad/coste.
Se refiere el editorialista a un metaanálisis sobre la homeopatía publicado en ese número de la revista (Are the clinical effects of homoeopathy placebo effects? Comparative study of placebo-controlled trials of homoeopathy and allopathy, Shang A, Huwiler-Müntener K, Nartey L, Jüni P, Dörig S, Sterne JA, Pewsner D, Egger M, pp. 726-732) en el que se muestra la ausencia de efectividad de la misma comparada con placebos.

Malamente, por lo tanto, un placebo debería considerarse dentro de la terapéutica médica. Al menos no en la manera en que parecen proponer los directores del curso.

Sigamos:

El principio de la similitud, que fue formulado por Hipócrates, establece un vínculo entre la acción terapeútica de una sustancia medicamentosa y su poder toxicológico.

Consiste en administrar a un enfermo una sustancia medicinal que, a dosis fuertes, podría provocar por intoxicación, un conjunto de síntomas análogos a los que presenta en su enfermedad.

Lo cierto es que se trata de un principio que tiene más de mágico que de científico. Ese vínculo se debería demostrar adecuadamente, con pruebas suficientes. Sin embargo, desde el Organon der Heilkunst de Samuel Hahnemann, fundador de la homeopatía, publicado en 1810, nunca se ha realizado tal trabajo necesario para establecer una medicina científica por parte de los seguidores de la homeopatía. Conviene recordar que, en ciencia, el peso de la prueba recae en quien hace la afirmación. Los homeópatas, simplemente, pasan de largo sobre esta necesidad. Acudir, por lo tanto, a Hipócrates, es un simple argumentum ad verecundiam, es decir, una falacia bien conocida (e igualmente muy antigua). ¿O es que por ser antiguo algo es más cierto?

¿En qué se sustenta que un principio que genera unos ciertos síntomas constituye también la cura de los mismos, pero sobre todo de la enfermedad que los provoca? Esta es una importante cuestión que raras veces se encuentra adecuadamente respondida en los textos homeopáticos. Por otro lado, hay que entender que una idea que podría haber sido creíble en 1810, con un imperfectísimo conocimiento de la etiología de muchas enfermedades, con una terapéutica en gran parte precientífica, antes incluso de que se desarrollara la Química y la Farmacología, no puede proporcionarnos una base adecuada sin más. Por ejemplo, está bien demostrada que la infección con Neisseria meningitidis produce la meningitis meningocócica con sus síntomas. ¿Sería razonable que alguien afirmara que infectando con más meningococos podemos curar a un enfermo de esa enfermedad? ¿Sería razonable un tratamiento así en una persona afectada de la misma, en vez de acudir al tratamiento alopático de antibióticos? El absurdo es tan evidente que nadie en su sano juicio sostendría actualmente semejante disparate. Por el contrario, el principio similia similibus curantur, sigue establecido como frontispicio de la homeopatía sin mayor problema casi dos siglos después.

Como dato aparentemente probatorio, sin embargo, de tal principio, en el siguiente párrafo leemos:

En 1796, Jenner, practicó la primera vacunación antivariólica, que demostraba la eficacia de la ley de similitud en la profilaxis.

Algo que es falso de toda falsedad. El funcionamiento de la vacuna, bien deberían saberlo doctores en Medicina, no se produce por una esotérica ley de similitud, sino por la capacidad de que patógenos poco activos puedan disparar una serie de reacciones inmunes que protejan posteriormente al organismo de un ataque posterior de patógenos en buen estado. Nada que ver con la similitud y sí con el sistema inmunológico. Algo, por cierto, que se descubrió, precisamente, en el otro lado de la Medicina, en esa que desde la homeopatía se denomina alopática. La ciencia conoce el mecanismo por el cual operan las vacunas y, desde luego, nada tiene que ver con la similitud homeopática.

Es más, este argumento tan repetido en los textos de popularización de la homeopatía demuestra la enorme falta de deontología de quienes lo hacen, pues no dudan en mentir o alterar la verdad en su provecho.

Más aún, deberíamos recordar que la vacuna de Jenner, descubierta más de diez años antes de la publicación de los trabajos de Samuel Hahnemann muestra la manera en que la ciencia avanza. No a base de principios antiguos e inamovibles, sino mediante experimentación adecuada y desarrollos teóricos coherentes. Las vacunas siguen usándose desde Jenner no porque tuvieran un principio antiguo en su base, sino porque son efectivas, y además se enmarcan dentro de una ciencia médica que ha conseguido conocer la etiología de muchas enfermedades, así como el funcionamiento del organismo, y desarrollar con esos conocimientos terapias adecuadas.

Aplicando el principio de la similitud, la homeopatía utiliza los efectos terapeúticos de las sustancias, atenuando su toxicidad utilizando muy pequeñas dosis hasta un nivel denominado infinitesimal. La experiencia prueba que a pesar de la altísima dilución de la sustancia empleada, el efecto terapeútico persiste.

De nuevo, conviene recordar que este postulado de la disolubilidad casi infinita atenta gravemente con todo lo que conocemos del Universo. En primer lugar, lo que queda demostrado es que a partir de una dilución superior al equivalente a un CH12 (duodécimocentesimal hahnemanniano, en el que la proporción de principio activo en el total de la disolución es menor que 10-24) simplemente no hay moléculas del mismo en la dosis prescrita. (Recordemos que un mol de sustancia contiene el equivalente al número de Avogadro, 6,023 x 1023, de moléculas).

Por otro lado, la afirmación que se hace de que la experiencia prueba... (etc) debería ser puesta en contexto como muy dudosa. Refiriéndonos a la bibliografía científica, está lejos de haberse probado tal efectividad de la homeopatía, como ya comentamos al principio. Revisiones como las que proporciona la Iniciativa Cochrane son demoledoras: en sus metaanálisis la homeopatía no puntúa por encima del placebo (Algo que puede comprobarse visitando la Biblioteca Cochrane en red). Por otro lado, recientes metaanálisis de la los ensayos clínicos publicados en la literatura científica, como el mencionado de The Lancet, muestran igualmente que tal efectividad no existe, o al menos no ha sido adecuadamente probada.

Resulta notable que se desprecie por parte de la organización del curso semejante cuerpo de datos científicos y publicaciones que ponen en duda la efectividad de esta terapia que promocionan en el curso de verano. Ni una sola mención, bien al contrario: afirmaciones dudosas, como estamos viendo.

Curiosamente, la vacuna de Jenner mencionada en párrafos anteriores como supuesta (pero realmente falsa) prueba de que los principios de la homeopatía funciona, no sería viable en una disolución homeopática: para disparar el sistema inmune, hace falta una presencia real del patógeno... ¿Caben más absurdos?

Seguimos leyendo el texto de la presentación:

La elección de un medicamento homeopático requiere tambien la individualización del tratamiento. No todos los pacientes con la misma enfermedad presentan la misma sintomatología, ni viven la enfermedad de la misma manera, ni la evolución es la misma. Ello obliga al médico a una cuidadosa observación de todos los síntomas y signos presentados por sus pacientes, es importante toda su historia biopatológica, en la cual confluyen las enfermedades y las complejas interacciones entre el individuo y su entorno. ElCurso va dirigido a estudiantes y profesionales de ciencias de la salud, con la finalidad de conocer las bases fundamentales de la homeopatía, el manejo de los medicamentos homeopáticos y su utilidad para las diferentes enfermedades tanto agudas como crónicas.

Parece insinuar el párrafo anterior que la medicina científica no hace lo mismo, que las dosis prescritas de los fármacos o las terapias empleadas no tengan en cuenta al individuo. Nada más falso y más alejado de la realidad. Más aún: los nuevos desarrollos de la medicina permiten tener en cuenta el genoma del individuo para estudiar cada caso de forma completamente aislada... y efectiva. Igualmente, presumir de que la homeopatía realiza una cuidadosa observación de todos los síntomas, como si sólo ella lo hiciera es injusto, pero sobre todo, es falso.

La presentación finaliza:

En el programa del curso se expondrán los tratamientos más frecuentemente utilizados en Alergología y Pediatría; las posibilidades de tratamiento del estrés, la ansiedad y las afecciones deportivas; la investigación en Homeopatía.

Pero en el curso, al menos como se detalla en el programa, no aparecerá ni una sola sesión dedicada a plantear la importante cuestión de si realmente la homeopatía tiene una base científica y una mínima efectividad adecuadamente comprobada. Es decir, a la vista de la presentación y del programa, podemos sospechar que simplemente se va a realizar una promoción sesgada y acrítica de una práctica terapéutica muy dudosa. ¿Es éste el carácter que debe tener un curso universitario? ¿Es esta la labor de una universidad? Es triste comprobar que los Cursos de Verano 2007 promocionados por el Gobierno de Navarra, con el título de Universidades Navarras por el conocimiento desprecien, precisamente, el conocimiento de esta manera, y consagren una manera de proceder anticientífica.

Finalmente resulta muy relevante que el patrocinio de tal curso incluya el de una de las empresas más importantes de fabricación y venta de homeopatía. En poco ayuda, desde luego, a conceder credibilidad científica y objetividad a la actividad, sino todo lo contrario, a levantar sospechas de parcialidad, confirmadas por la lectura del programa.

Resulta, así, perturbadora, la noticia de este curso de verano, más aún inmersos como estamos este 2007 en el Año de la Ciencia en nuestro país, una convocatoria que apuesta por la difusión pública de los conocimientos científicos y tecnológicos de calidad, y la realización de actos mediante los que el ciudadano pueda acceder a información veraz. Nos parece que las razones apuntadas (sobre las que se puede consultar abundante bibliografía tanto profesional como divulgativa) son suficientes para que la Universidad Pública de Navarra y su Fundación Universidad-Sociedad reconsideren la inclusión de este curso pseudocientífico en su programación de verano, o como mínimo la replanteen para asegurar los mínimos criterios del conocimiento científico que deben exigirse a una actividad universitaria, más aún dependiente de organismos públicos.

Atentamente,

Félix Ares de Blas, Presidente
Javier Armentia Fructuoso, Director-Ejecutivo
ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico



2007-05-22 12:00 | Enlace




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